
El viento le daba en la cara, una brisa fresca con olor a pasto, al inspirar sintió también el aroma del perfume de ella, que estaba recostada sobre él.
Sentada sobre el pasto atrapada entre sus piernas estaba la mujer que había soñado hacía mucho, dejando caer su peso totalmente sobre el pecho de él. Él, descansaba el peso de ambos en un árbol mientras la abrazaba.
Acercó su cara a la de ella y sintió el aroma de su pelo, le dio un beso en el cachete y la joven reclinó su cabeza hacia atrás sonriente, con un movimiento de labios le exigió un beso y él cumplió su demanda.
Al besarla sintió su calidez, su ternura, su amor, pero lo que le siguió después lo dejaría atónito. Descubrió que él ya no sentía lo mismo, ya no necesitaba ese beso como antes ni sentía el mismo ardor que al principio. Ese pensamiento invadió su mente como un virus agresivo, infectando hasta lo más profundo de su ser, un sudor frío le recorrió la espalda. ¿Cómo iba a decírselo? ¿Había retorno de ese estado? ¿Qué había cambiado? ¿Tenía que contárselo o tenía que solucionarlo solo?
La desesperación lo inundó desde el interior y la respiración se le dificultó, la angustia oprimió su pecho tanto que se sintió asfixiado entre la chica y el árbol.
"Te amo" le dijo ella con una sonrisa de absoluta felicidad y placer. Él abrió la boca un poco antes de poder exclamar algo.
"Yo también" contestó y besó su pelo. Pero no hizo más que confirmar que su nuevo sentir seguía ahí.
Cerró los ojos muy fuerte y sintió terror de lo que vendría, miles de ideas cruzaron su cabeza mientras seguía apretando los ojos con toda su fuerza, finalmente se sintió cansado y no tuvo más opción que abrirlos.
Poco a poco la luz fue entrando en su retina y fijó una nueva imagen frente a él. El frío lo sorprendió de repente, una luz se filtraba tenue por una persiana de madera, volteó rápido y confirmó que estaba en su cama, sintió la suavidad de sus sábanas frías, vio las fotos de su novia y sintió el mismo ardor que siempre, el alma le volvió al cuerpo y un suspiro de alivio llegó de inmediato. Todo había pasado, nada había cambiado y eso lo ponía feliz, sonrió y volvió a cerrar los ojos para seguir durmiendo pero un segundo antes de volver a conciliar el sueño una pregunta cruzó por su mente, aunque no llegó a contestársela.
¿Qué tan real es lo que sentimos en sueños?