Sigue caminando, las piernas las siente raras, le cuesta levantarlas y, arrastrándolas, avanza lentamente, apoya las manos en las paredes del pasillo como para tener un punto más de apoyo, siente la superficia lisa, tibia, cálida, agradable.
Poco a poco empieza a tomar control de su cuerpo y camina más seguro, ve al final del pasillo un resplandor que se va acercando y siente un calor similar al de una tarde de primavera, esas que solía pasar en el parque cuando era muy chico. Lo invade el recuerdo de su cuerpo tirado en el pasto y la idea, en aquel entonces increíblemente cierta: "Tengo todo el tiempo del mundo".
Da unos pasos más y una sombra interrumpe el paso de la luz, poco a poco se va formando la figura de una mujer, él la reconoce ¿Cómo no hacerlo? Está enamorado de ella, sonríe feliz aunque levemente.
"¿Qué hacés acá?" Le pregunta intrigado.
"Nada" contesta ella seca pero sonriente.
Él, desconfiado, se lleva la mano al mentón, pensativo y camina alrededor de la mujer. Ella, divertida, lo deja examinarla. Está vestida totalmente de blanco, morena, alta, casi tanto como él, labios llamativos, pechos pequeños, una sonrisa apacible y el pelo negro como azabache.
Él baja la mirada unos cortos segundos y vuelve su mirada hacia ella. Ahora la mujer es rubia, algo más baja, ojos celestes, pechos grandes, labios pequeños, tiene la piel suave y blanca. La reconoce inmediatamente, porque está enamorado de ella.
"¿Por qué te reís?" le dice sonriéndole, a lo que ella contesta "Me río de vos" y pronuncia más su sonrisa.
La mira fijo un rato y después de un tiempo de no decir nada, da un paso más pero sin acercarse a ella, rodeándola, sin querer parpadea, cuando la imagen de la mujer vuelve a invadir su retina ya no es la misma.
Ahora una joven de pelo castaño oscuro y tez blanca está parada frente a él, sus pechos son más pequeños, su cintura es delgada y un lunar junto al labio la hace fácilmente reconocible. Además, ¿Cómo no hacerlo? si él está enamorado de ella.
Boquiabierto, no comprende lo que pasa, sus intentos por razonar se ven bloqueados por un pensamiento que recorre su mente llegando a todo su cuerpo, haciendo hervir la sangre. Finalmente lo vomita.
"Estás hermosa"
"¡Ay nada que ver!" rechaza ella mientras con la mano derecha se acaricia el pelo y se lo lleva hacia adelante del hombro. Se acerca a la cara un mechón y con la mano izquierda se pone a hacer un rulo.
Él estalla en carcajadas.
"¿De qué te reís?" le pregunta ella. Siendo la primera vez que rompe el silencio sin que le sea dirigida la palabra.
"De que ya entendí" le responde él con una sonrisa de costado.
Ella lo mira de soslayo e imita su sonrisa, cómplice.
"¿Ah si?"
"Si" contesta sin dejar de sonreír y se da media vuelta, dándole la espalda.
"¿A dónde vas!" se queja la joven con voz algo chillona.
"Me voy a despertar" le responde él suavemente, con una voz cálida "Nos vemos dentro de poco, no te preocupes, yo te voy a reconocer."