
Y ahí estaba yo, caminando por las calles del centro de Buenos Aires entrada la tarde-noche, eran algo así como las siete y media de la tarde pero estaba oscuro, casi de noche.
Al contrario al resto de las veces, estaba distraído a las vidrieras y puestos que usualmente solía admirar para curosear que podía comprarme. Pero en un momento dado levanté la mirada, había un cartel escrito a mano en la pared de una de esas galerías a las que uno nunca entra porque le da la sensación de que detrás del primer pasillo que no da a la calle se deben dar negocios muy turbios.
El cartel rezaba: "Encuentre al amor de su vida en 3 simples pasos. $200 o le devolvemos su dinero"
Obviamente, ante semejante afirmación no hice más que reirme de lado, una sonrisa falsa digna de la indignación que me daba la idea de que le robaran a la gente así.
Estaba a punto de seguir de largo cuando me llamó la atención que era el único cartel escrito a mano y que estaba escrito en un papel ya amarillento, como si tuviese años y años de antigüedad. Inmediatamente me puse a pensar que debía estar ahí desde hacía mucho tiempo, tiempos en los que $200 eran una fortuna.
Con los mismos pasos que pretendía seguir mi camino me acerqué y vi que debajo estaba firmado "L. 17". Supuse que era el número de local y la curiosidad de saber si la estafa había tenido suficientemente éxito como para que el local perdurara me obligó a buscarlo.
Como me temía tuve que meterme entre los pasillos de la galería y perdí de vista la calle Florida, al final de un pasillo que no estaba tan oscuro como imaginaba encontré un local que tenía el número 17 sobre el marco de la puerta. Era uno de esos locales donde venden cosas de santos, velas, etc. Entré, debo confesar, con algo de miedo.
"¡AH! Vos debés venir por el cartel de la entrada ¿no?" me dijo un tipo algo moreno pero no mucho, de tez algo arábiga, supuse, por prejuicio, que era un gitano.
"¡Jajajaja! Si, si" le confirmé, el nerviosismo me obligó a reirme.
"Un escéptico ¡Me encantan los escépticos!" contestó levantando las manos en alto, no se bien si como señal de bienvenida o de qué. "Bueno, acá tenés..." me dijo mostrándome un rollo de papel. "Acá están los pasos a seguir, ¿tenés los $200?"
La verdad es que tenía esa plata, pero para zafar, habiéndome dado cuenta que por curioso iba a caer en una trampa le dije "¿Aceptás tarjeta?"
"Si, Visa, Mastercard y American Express" me dijo muy serio.
-Me cagó- pensé. "¿En serio?"
"Si, si, permitime"
Finalmente, pensé que era seguro dársela, al fin y al cabo de última denunciaba la tarjeta como robada y capaz recuperaba mi plata. Se la di, pero el tipo notó mi desconfianza.
"Mirá" empezó a proponer mientras me cobraba "Acá te dejo en la mesa $200, si no estás satisfecho después de leer el papel, los agarrás y te vas, sin preguntas"
Debo admitir que eso si que me dio confianza así que agarré finalmente el papel, guardé mi tarjeta ya con menos plata en mi cuenta y me dispuse a leerlo:
"1- Encuentra una persona que te guste y te haga bien
2- Ámala como nunca amaste a nadie y da lo mejor de ti esperando que ella haga lo mismo.
3- Si algo pasa, respira profundo, recuerda los buenos momentos, déjalos ir y vuelve al paso 1"
Lo miré detenidamente, lo releí dos veces más, levanté los ojos para mirar al tipo que me sonreía como satisfecho. Finalmente, le dije "Gracias" y me fui. ¿Qué le podía decir? El hijo de puta tenía razón.