viernes, 18 de marzo de 2011

Instrucciones para encontrar al amor de tu vida


Y ahí estaba yo, caminando por las calles del centro de Buenos Aires entrada la tarde-noche, eran algo así como las siete y media de la tarde pero estaba oscuro, casi de noche.

Al contrario al resto de las veces, estaba distraído a las vidrieras y puestos que usualmente solía admirar para curosear que podía comprarme. Pero en un momento dado levanté la mirada, había un cartel escrito a mano en la pared de una de esas galerías a las que uno nunca entra porque le da la sensación de que detrás del primer pasillo que no da a la calle se deben dar negocios muy turbios.

El cartel rezaba: "Encuentre al amor de su vida en 3 simples pasos. $200 o le devolvemos su dinero"

Obviamente, ante semejante afirmación no hice más que reirme de lado, una sonrisa falsa digna de la indignación que me daba la idea de que le robaran a la gente así.

Estaba a punto de seguir de largo cuando me llamó la atención que era el único cartel escrito a mano y que estaba escrito en un papel ya amarillento, como si tuviese años y años de antigüedad. Inmediatamente me puse a pensar que debía estar ahí desde hacía mucho tiempo, tiempos en los que $200 eran una fortuna.

Con los mismos pasos que pretendía seguir mi camino me acerqué y vi que debajo estaba firmado "L. 17". Supuse que era el número de local y la curiosidad de saber si la estafa había tenido suficientemente éxito como para que el local perdurara me obligó a buscarlo.

Como me temía tuve que meterme entre los pasillos de la galería y perdí de vista la calle Florida, al final de un pasillo que no estaba tan oscuro como imaginaba encontré un local que tenía el número 17 sobre el marco de la puerta. Era uno de esos locales donde venden cosas de santos, velas, etc. Entré, debo confesar, con algo de miedo.

"¡AH! Vos debés venir por el cartel de la entrada ¿no?" me dijo un tipo algo moreno pero no mucho, de tez algo arábiga, supuse, por prejuicio, que era un gitano.

"¡Jajajaja! Si, si" le confirmé, el nerviosismo me obligó a reirme.

"Un escéptico ¡Me encantan los escépticos!" contestó levantando las manos en alto, no se bien si como señal de bienvenida o de qué. "Bueno, acá tenés..." me dijo mostrándome un rollo de papel. "Acá están los pasos a seguir, ¿tenés los $200?"

La verdad es que tenía esa plata, pero para zafar, habiéndome dado cuenta que por curioso iba a caer en una trampa le dije "¿Aceptás tarjeta?"

"Si, Visa, Mastercard y American Express" me dijo muy serio.

-Me cagó- pensé. "¿En serio?"

"Si, si, permitime"

Finalmente, pensé que era seguro dársela, al fin y al cabo de última denunciaba la tarjeta como robada y capaz recuperaba mi plata. Se la di, pero el tipo notó mi desconfianza.

"Mirá" empezó a proponer mientras me cobraba "Acá te dejo en la mesa $200, si no estás satisfecho después de leer el papel, los agarrás y te vas, sin preguntas"

Debo admitir que eso si que me dio confianza así que agarré finalmente el papel, guardé mi tarjeta ya con menos plata en mi cuenta y me dispuse a leerlo:

"1- Encuentra una persona que te guste y te haga bien
2- Ámala como nunca amaste a nadie y da lo mejor de ti esperando que ella haga lo mismo.
3- Si algo pasa, respira profundo, recuerda los buenos momentos, déjalos ir y vuelve al paso 1"

Lo miré detenidamente, lo releí dos veces más, levanté los ojos para mirar al tipo que me sonreía como satisfecho. Finalmente, le dije "Gracias" y me fui. ¿Qué le podía decir? El hijo de puta tenía razón.

martes, 11 de enero de 2011

Nota de un náufrago

Era una tarde de verano y paseaba por la playa cuando la encontré, una botella rodeada de arena y agua salada, tapada con un corcho.
Indignado por la suciedad de la gente la levanté y sorprendido descubrí que tenía un papel adentro.

En ese momento me pareció ridículo y llegué a pensar que era una broma pero no contuve mis ganas de leerla y ver que decía:

"Mi nombre es Alejandro Márquez, como se habrán dado cuenta, por mi forma poco original de hacerles llegar mi palabra, soy un náufrago, pero lejos de pedir ayuda, mi intención con esta nota es darle a alguien mi último testimonio, un pedacito de un conocimiento único que me fue revelado una vez.

Todo sucedió en un momento, una noche de verano, corría el año 1995, yo volvía de una larga y placentera salida con una mujer, cuando, de repente... me embriagué con su mirada. No hay mejor forma de explicarlo, fue eso lo que pasó.

Caminabamos desprocupadamente cuando nos miramos a los ojos y fue ahí cuando todo llegó. En sus ojos perdí el tiempo, perdí el miedo a todo, el miedo a la nada. Nos perdimos para siempre en una mirada eterna, sus ojos negros fueron un portal que me transportó a otro lugar, un lugar desde el que yo podía ver todo, el Aleph, diría Borges, es lo más parecido que encuentro para describirlo.

En ese lugar, desde ese punto, vi el Universo, pero nada existía, todavía no, y vi pasar el tiempo y vi aparecer los planetas, la estrellas, la galaxias. Vi como todo empezaba a existir, entendí la creación, al creador y su meta. Entendí mi destino, mi final, mi principio. Y vi como todo tenía sentido, tuve noción del todo que me rodeaba. Vi como ella y yo, éramos lo mismo, como el universo era uno y era todo y no era nada. Entendí como funcionaba todo y pude ver dentro mío y dentro de ella y descubrí que era lo mismo.

No se cuanto tiempo pasó, nunca lo voy a saber, calculamos que minutos pero pudieron haber sido horas y horas. Entré en un mundo donde el tiempo no corría pero las cosas sucedían igual. Vi dentro suyo que ella me amaba y que ella veía dentro mío como yo la amaba. Le encontré sentido a todo y supe que iba a pasar.

Me drogué con sus ojos y el conocimiento que guardaban, un calor me invadió el cuerpo como un tibio abrazo, sentí la fuerza del universo tironeándome como un mar embravecido , vi mundos extinguirse y empezar, empezar y extinguirse y cuando lo entendí todo el momento se acabó; pero antes tuve la certera percepción de que ella había pasado por lo mismo y de que éramos uno cuando nos pasaba.

Nos preguntamos si sentimos lo mismo y nos contestamos que si. Nos describimos el viaje completando nuestra historia como si las mismas palabras estuviesen dentro nuestro.

Y es así que feliz, viví toda una vida en una mirada, viví más vidas de las que nadie podría vivir con ella y ella las vivió conmigo.

Es por eso que ya no necesito que me rescaten, ya se lo que es la cima del mundo, yo estuve ahí. Solo escribo esto, para que sepas que existe y que te toca encontrarla a vos"