lunes, 1 de noviembre de 2010

Relaciones indefinidas

Bajó las escaleras corriendo, ansioso, nervioso y sumamente contento. Él estudiaba exactas y ella, naturales y lejos de ser coincidencia y todavía más lejos de ser el destino, se conocieron el primer día que pisaron Ciudad.

Él no sabía donde ir y ella no tenía la respuesta, pero eso no impidió que él le pregun-
tara. En ese momento no sirvió de nada, él no se fijó en su memoria ni ella en la de él. Pero 3 horas más tarde los unió el 42 e inevitablemente se dio la conversación después de una sonrisa cómplice por verse envueltos en una coincidencia y desde ese día se fue formando una relación complicada, parecida a una amistad pero ciertamente no lo era.

Demian estudiaba Licenciatura en Ciencias Físicas y Sol, Licenciatura en Oceanografía. Hacía ya tres meses que se veían a la salida de la cursada, él salía del pabellón I de Ciudad Universitaria, y ella, del pabellón II.

Se reunían en la parada del 42, controlaban las monedas y se ponían a charlar de todo un poco. Pero ese día no, ese día del que les hablo Demian había recibido un sms a mitad de la clase:

"Che, no me esperes en la parada hoy, mi clase ya terminó así que me voy para casa"

Él atinó a contestar rápidamente: "No, bancá que salgo y tomamos unos mates que está lindo el día"

"Bueno, dale" fue la respuesta que obtuvo y el disparador de una emoción incontrolable.

Corrió por el pabellón, subiendo y bajando escaleras, pasando por un mundo de gente. El corazón le saltaba del pecho, se sentía bien fuerte como latía. Bajó las últimas escaleras y se vio de frente a las canchas de futbol.

"¿Donde se supone que nos encontramos?" se preguntó, paralizado por unos segundos, como si su duda, fuese de vida o muerte. Y casi sin responderse, caminó para la parada del 42. Ahí estaba Sol esperándolo, llevaba puesta una pollera roja, larga pero finita, una musculosa gris y el pelo recogido con un pañuelo predominantemente rosa, pero con dibujitos de flores repartidos por ahí. En fin, una pinta que no pasaría la revisión maliciosa de ninguna mujer, y seguramente desanimaría a bastantes hombres, pero para él estaba hermosa.

Se saludaron como siempre, un beso en el cachete y un "¿qué tal?".

"¿A donde vamos?" preguntó al toque ella.

"¿Al pantano?"

"Bueno, dale."

Finalmente se sentaron en el pantano a tomar unos mates, no sin antes comprar unos bizcochitos en el quiosco más cercano. Y así rompieron su ritual del 42 por primera vez.

Prepararon la infusión nacional, abrieron los "Don Satur" y se dispusieron a merendar. Callado, él sonreía sin dejar de verla, feliz, sumergido en su emoción, no se daba cuenta de lo obvio que estaba siendo.

"¿Qué te pasa?"
"Nada, me di cuenta de algo" contesta Demian.
"¿De qué?"

"Podría estar toda la tarde histeriqueándote y no te darías cuenta ni de la mitad de lo que siento" soltó en el medio de un ataque de risa, dejando escapar con cada carcajada su nerviosismo, digno de lo que acababa de decir.

Cerró los ojos para seguir riendo y sintió un calor suave en los labios, de repente el aire no salía más y su risa se había apagado, abrió los ojos de par en par, sorprendido por la asfixia repentina y solo vio a Sol con sus ojos cerrados y su boca en la suya.

1 comentario:

  1. Hacete cargo; tenés que escribir una historia de amor conmigo...! (No como protagonistas, se puede entender cualquier cosa acá...)

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